ÁMSTERDAM Una ciudad ganada al mar
Cualquier ciudad de destino turístico ha de reunir una serie de requisitos para hacerse atractiva y Ámsterdam los tiene de sobra. Su gran propuesta está en sus calles y en su ambiente ya que es su estilo lo que cautiva al visitante. De Ámsterdam uno puede regresar con mil sensaciones pero la impresión última que le queda al viajero es la de una urbe desenfadada y relajada cuyo casco antiguo es un compendio de todo ello.
La configuración arquitectónica y urbanística viene condicionada por su propio origen. Ámsterdam es un puro plato llano pues se asenta sobre terrenos ganados al mar en la confluencia con un río. El resultado de su lucha contra las aguas y del dominio de las técnicas para gobernarlas mediante esclusas y diques es precisamente lo que le da su impronta y belleza. Incluso su nombre proviene de la presa o dam en neerlandés que se levantó para contener y desviar las aguas del río Amstel.
Cifras y símbolos de una capital única
En cualquier dirección que uno se mueva encontrará agua. Pasear por la ciudad convierte al viajero en partícipe de un juego de puentes y callejuelas en una sucesión casi infinita. Cada canal es una calle cuyos márgenes adornan edificaciones antiguas bien conservadas y cuidadas. Las calles están hechas para el disfrute del paseante pues el coche es un actor muy secundario en este paisaje urbano.
La arquitectura del equilibrio inestable
Jordaan: El encanto del barrio bohemio
Si el cuerpo pide un descanso se puede conocer el ambiente local en uno de los muchos bruin cafés o cafés marrón cuyos techos conservan el color dejado por años de tradición. En estas tabernas uno puede descansar mientras toma una cerveza de barril o un bocadillo del típico queso holandés. Recorrer el barrio en paralelo al canal Prinsengracht permite admirar las casas flotantes donde se respira el auténtico espíritu de Ámsterdam.
La encrucijada de la Plaza Dam
El Barrio Rojo y la cultura de la tolerancia
En mitad de este bullicio se levanta la Oude Kerk que es el templo religioso más antiguo de Ámsterdam. Esta iglesia gótica del siglo XIV pone el contrapunto espiritual al barrio. Asimismo la zona cuenta con numerosos coffeeshops que son establecimientos donde se permite el consumo de sustancias de forma legal. Estos locales representan la bien ganada fama de tolerancia que define a la sociedad holandesa.
El reino de la bicicleta
Llama la atención el aspecto desaliñado de muchas bicicletas que suelen ser viejas y oscuras como antídoto contra el robo. Lo más sorprendente es la capacidad de sus dueños para aparcarlas en cualquier lugar como barandillas o farolas y ser capaces de encontrar la suya entre las miles que se agolpan en las inmediaciones de la estación central.

